El nuevo presidente de Uruguay, José Mujica, tomo posesión del cargo en medio de una fiesta popular.
Miles de uruguayos presenciaron un inédito traspasode mando al aire libre y bajo la mirada del prócer José Artigas. (nota con audios, por Fernando Francia)
"Y si llueve, me dijeron... y si llueve nos mojamos todos" dijo José
Mujica mientras se preparaba la fiesta de este primero de marzo del
2010.
En su discurso, improvisado, Mujica habló de generar
riqueza, del rol de los trabajadores, de la no discriminación por
pobreza, color de piel u orientación sexual, entre muchos otros temas.
Pero quizás uno de los puntos más emotivos fue la
presencia del "cañero" militante histórico de más de cuarenta años del
Frente Amplio y el Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros. Así
como lider de los trabajadores de la provincia de Artigas (norte del
país), donde nació el movimiento qe desembocó en la guerrilla urbana de
los años setenta.
En la mañana, Mujica realizó un discurso leído en el
parlamento (que reproducimos más abajo) y en la tarde, en la Plaza
Independencia realizó el discurso improvisado.
Mujica es conocido por su elocuencia, poesía y
articulación política en sus discursos. El audio del segundo discurso,
ya con la banda presidencal en el pecho lo reproducimos en audio a
continuación.
En este discurso volvió a dirigirse al pueblo, en
primera persona y agradeciendole al posbilidad de estar ahí y
reafirmando la necesidad de que el cambio esté en todos y cada uno de
los uruguayos.
"Este es al pais mas igualitario; continuar tedencia igualitaria llevando oportunidad a aquellos que mercado margina"
"Nos tenemos que acordar de quienes han quedado al costado del camino"
"No existe discriminacion ni a negros ni a pobres ni discriminacion sexual"
"Necesitamos la colaboracion de todo los sectores que componen la sociedad, ricos pobres, los del medio"
"Sociedades donde lo mio y lo tuyo no nos separen, menos egoismo, mas solidaridad"
"Querido Pueblo, con quien están todos los compromisos"
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Discurso de José Mujica Cordano, ante la Asamblea
General del Parlamento Nacional
"Señora
Presidenta de la Asamblea General, mi querida Lucía, Legisladores y
Legisladoras que representan la diversidad de la Nación, Presidentes y
Presidentas de países amigos que están con nosotros, altos funcionarios
destacados para apoyar esta ceremonia, cuerpo Diplomático, Presidente
de la Suprema Corte de Justicia, Comandantes en Jefe de las Fuerzas
Armadas, Señores ex Presidentes, Dirigentes de los Partidos Políticos
del Uruguay y de las principales organizaciones sociales, de las
comunidades religiosas, en fin, señores y señoras. A todos los aquí
presentes, gracias.Y también gracias a todos ustedes, compatriotas del
alma, que nos acompañan en sus casas y en las calles.
Mis
conocimientos jurídicos, extraordinariamente escasos, me impiden
dilucidar cuál es el momento exacto en que dejo de ser presidente
electo para transformarme en presidente a secas.
No
se si es ahora, o si es dentro de un rato, cuando reciba los símbolos
del mando de manos de mi antecesor.
Por
mi parte, desearía que el título de “electo” no desapareciera de mi
vida de un día para otro. Tiene la virtud de recordarme a cada rato que
soy presidente sólo por la voluntad de los electores.
“Electo” me advierte que no me distraiga y recuerde que estoy mandatado
para la tarea. No en vano, el otro sobrenombre de los presidentes es
“mandatario”.
Primer mandatario, si se quiere, pero mandado por otros, no por sí mismo.
Con mejores palabras y más solemnidad, esto es lo que la constitución establece.
La Constitución es un marco, una guía, un contrato, un límite que encuadra a los gobiernos.
Ese es su propósito principal.
Pero
es también un programa, que nos ordena cómo comportarnos, en cuestiones
que tienen que ver con la esencia de la vida social
Por ejemplo, nos manda literalmente evitar que las cárceles sean instrumentos de mortificación.
O nos dice NO reconocer ninguna diferencia de raza, género o color.
¡Cuánta deuda tenemos aún con la constitución!!
¡Con qué naturalidad la desobedecemos!
No
está de más recordarlo hoy, un día en que nos enorgullecemos de estar
aplicando las reglas con todo rigor y detalle.
Pondremos
todo nuestro empeño en cumplir los mandatos constitucionales. En
cumplir los que aluden a las formas de organización política del país,
por supuesto Y también en cumplir los enunciados constitucionales que
describen la ética social que la nación quiere darse.
Hoy es el día cero o el día uno de mi gobierno.
Y para mí, gobernar empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.
Por si suena como un traba-lenguas, lo repito:
para mí, gobernar, empieza por crear las condiciones políticas para gobernar.
Y
gobernar, para generar transformaciones hacia el largo plazo, es más
que nada crear las condiciones para gobernar 30 años con políticas de
estado.
Me gustaría creer, que esta de hoy, es la sesión inaugural de un gobierno de 30 años.
No
míos, por supuesto, ni tampoco del Frente Amplio, sino de un sistema de
partidos, tan sabio y tan potente, que es capaz de generar túneles
herméticos que atraviesan las distintos presidencias de los distintos
partidos ,y que por allí, por esos túneles, corren intocadas las
grandes líneas estratégicas de los grandes asuntos.
Asuntos
como la educación, la infraestructura, la matriz energética o la
seguridad ciudadana
Esto
no es una reflexión para el bronce ni para la posteridad. Es una formal
declaración de intenciones.
Me
estoy imaginando el proceso político que viene, como una serie de
encuentros, a los que unos llevamos los tornillos y otros llevan las
tuercas.
Es
decir, encuentros a los que todos concurrimos, con la actitud de quien
está incompleto sin la otra parte.
En ese tono se va a desarrollar el próximo gobierno del Frente Amplio.
Asistiendo incansablemente a las mesas de negociación con vocación de acuerdo.
Puede ser que el gobierno tenga más tornillos que nadie,
Más
tornillos que el Partido Nacional, más que el Partido Colorado, más que
los empresarios y más que los sindicatos…
¿Pero
de qué nos sirven los tornillos sueltos, si son incapaces de encontrar
sus piezas complementarias en la sociedad?
Vamos
a buscar así el dialogo, no de buenos, ni de mansos, sino porque
creemos que esta idea de la complementariedad de las piezas sociales,
es la que mejor se ajusta a la realidad.
Nos
parece que el diagnóstico de concertación y convergencia es más
correcto que el de conflicto, y que sólo con el diagnóstico correcto,
se puede encontrar el tratamiento correcto.
Miramos
la radiografía, y lo que vemos adentro de la sociedad, son formas
convexas y cóncavas, negociando el ajuste, porque se necesitan entre
si. Entonces pensamos que sería contra natura, que los representantes
políticos de esos retazos sociales, nos dedicáramos a separar y no a
concertar.
En
Uruguay, todos los partidos políticos son socialmente heterogéneos.
Pero los partidos tienen fracciones, y las fracciones tienen acentos
sociales.
Pero
aún en el caso de las fracciones más específicamente representativas de
sectores, el mandato de sus votantes no es el de atropellar ciegamente
para conquistar territorio.
Hace
rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el
mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque.
Queremos
una vida política orientada a la concertación y a la suma, porque de
verdad queremos transformar la realidad.
De verdad queremos terminar con la indigencia
De verdad queremos que la gente tenga trabajo.
De verdad queremos seguridad para la vida cotidiana.
De verdad queremos salud y previsión social bien humanas.
Nada
de esto se consigue a los gritos. Basta mirar a los países que están
adelante en estas materias y se verá que la mayor parte de ellos tienen
una vida política serena.
Con poca épica, pocos héroes y pocos villanos.
Más bien, tienen políticos que son honrados artesanos de la construcción.
Nosotros queremos transformaciones y avances de verdad.
Queremos
cambios de esos, que se tocan con la mano, que no sólo afectan las
estadísticas sino la vida real de la gente.
Para lograrlo estamos convencidos de que se necesita una civilizada convivencia política
Y no vamos a ahorrar ningún esfuerzo para lograrla.
Por
supuesto, nada de esto comienza con nosotros. El país tiene hermosas
tradiciones de respeto recíproco que vienen de muy atrás.
Pero
es probable que nunca hayamos estado tan cerca de conseguir un cambio
cualitativo en la intensidad de esos vínculos entre partidos
políticos.. Quizás ahora podemos pasar de la tolerancia a la
colaboración, de la confrontación controlada a ciertos modos
societarios de largo plazo.
Con
el Frente Amplio en el gobierno, el país ha completado un ciclo. Ahora
todos sabemos que los ciudadanos no le extienden cheques en blanco a
ningún partido y que los votos hay que ganárselos una y otra vez en
buena ley. Los ciudadanos nos han advertido a todos que ya no son
incondicionales de ningún partido, que evalúan y auditan las gestiones,
que los que hoy son protagonistas principales, mañana pueden
convertirse en actores secundarios.
Después
de 100 años, al fin, ya no hay partidos predestinados a ganar y
partidos predestinados a perder.
Esa
fue la dura lección que los lemas tradicionales recibieron en los
últimos años. El país les advirtió que no eran tan diferentes entre sí
como pretendían, que sus prácticas y estilos se parecían demasiado y
que se necesitaban nuevos jugadores, para que el sistema recuperara una
saludable tensión competitiva.
Por
su parte el Frente Amplio, eterno desafiante y ahora transitorio
campeón, tuvo que aceptar duras lecciones, no ya de los votantes sino
de la realidad. Descubrimos que gobernar era bastante más difícil de lo
que pensábamos, que los recursos fiscales son finitos y las demandas
sociales infinitas,
que la burocracia tiene vida propia, que la macroeconomía tiene reglas ingratas pero obligatorias.
Y
hasta tuvimos que aprender, con mucho dolor, y con vergüenza, que no
toda nuestra gente era inmune a la corrupción.
Estos últimos años han sido entonces de intenso aprendizaje para todos los actores políticos.
Es
probable que todos estemos ahora más maduros y por tanto listos para
pasar a una etapa cualitativamente nueva en el relacionamiento entre
fuerzas políticas.
Cada una con su identidad y sus énfasis ideológicos.
Sin aflojarle ni a la pulseada ni al control recíproco.
Pero
sí ampliando dos capacidades que estamos lejos de haber llevado al
máximo: la sinceridad y la valentía.
Más
sinceros en nuestro discurso político, llevando lo que decimos un poco
más cerca de lo que de verdad pensamos y un poco menos atado a los que
nos conviene.
Y
más valientes para explicarle, cada uno a su propia gente, los límites
de nuestras respectivas utopías.
Esa
sinceridad y esa valentía van a ser necesarias para llevar adelante las
políticas de estado que proyectamos.
Para
ponernos de acuerdo vamos a tener que rebajar nuestras respectivas
posturas y promediarlas con las otras.
Y esa rebaja implica líos obligatorios con nuestras bases políticas.
Ese va a ser un test de valentía.
Los temas de estado deben ser pocos y selectos.
Deben
ser aquellos asuntos en los que pensamos que se juega el destino, la
identidad, el rostro futuro de esta sociedad.
Sin pretensiones de verdad absoluta, hemos dicho que deberíamos empezar por 4 asuntos:
educación, energía, medio ambiente y seguridad.
Permítanme un pequeño subrayado: educación, educación, educación.
Y otra vez, educación.
Los
gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas,
como en la escuela, escribiendo 100 veces, “debo ocuparme de la
educación”
Por
que allí se anticipa el rostro de la sociedad que vendrá. De la
educación dependen buena parte de las potencialidades productivas de un
país. Pero también depende la futura aptitud de nuestra gente para la
convivencia cotidiana.
Y
seguramente, cualquiera de los aquí presentes podría seguir agregando
argumentos sobre el carácter prioritario de la educación.
Pero,
lo que probablemente nadie pueda contestar con facilidad es ¿a qué
cosas vamos a renunciar, para darle recursos a la educación?
¿Qué proyectos vamos a postergar, qué retribuciones vamos a negar, qué obras dejarán de hacerse?
Con cuántos “NO” habrá que pagar el gran “SÍ” a la educación!
Ningún
partido querrá quedar en soledad para hacerse responsable de todo ese
desgaste. Tendremos que hacerlo juntos, decidirlo juntos y por
supuesto, poner el pecho juntos.
Este es el significado de las políticas de estado.
Sus consecuencias no deben beneficiar ni perjudicar a ningún partido en particular.
¿Estamos dispuestos a hacerlo?
Si
no lo estamos, todas nuestras grandes declaraciones de amor por la
educación, no serán más que palabrerío de discurso político.
También
hemos sugerido que los temas de infraestructura de energía, sean
separados de la agenda gubernamental corriente, y tratados en común por
todos los partidos.
La energía es un asunto lleno de complicaciones técnicas.
Implica
complejos pronósticos sobre el stock de recursos no renovables, como
los hidrocarburos. Pero también implica casi adivinanzas, sobre lo que
nos traerá el desarrollo tecnológico de la energía solar o de la
energía eólica. E implica cálculos, de resultado todavía incierto,
sobre la conveniencia de hacer agricultura de alimentos o agricultura
para producir bio-combustibles.
Pero
después que todos los ingenieros y todos los adivinadores del futuro
den su veredicto, la política tendrá que ocuparse de las definiciones
estratégicas, en temas en los que la opinión social va a estar dividida.
El más notorio de esos temas, es el uso de energía nuclear para generar electricidad.
Otro,
es cuanto estamos dispuesto a pagar para apoyar las energías renovables
que no son económicamente rentables, incluidos los biocombustibles.
En
estos temas, tan imprevisibles, el aumento de la base de sustento
político no garantiza que se tomen decisiones óptimas. Pero SÏ asegura
que los rumbos elegidos no serán modificados sobre la marcha.
En
materia energética no se puede avanzar en zig-zag. Porque pueden pasar
décadas entre el momento en que un proyecto comienza a andar, y el
momento en que empieza a producir.
También
, hemos reservado las estrategias de medio ambiente, para ser tratadas
en régimen de políticas de estado.
Hoy
la comunidad internacional nos pide que nos pensemos a notros mismos
como miembros de una especie, cuyo hábitat está cada vez más amenazado.
Hace años que el país ha incorporado una fuerte consciencia sobre el
tema, ha legislado con sabiduría y ha operado con decisión y
transparencia.
Pero
la tensión, entre el cuidado del medio ambiente y la expansión
productiva, va a ir en aumento. Vamos a estar cada vez más tironeados,
entre las promesas de la explosión agrícola, y las amenazas asociadas
al uso intensivo de agroquímicos.
Para
no hablar de asuntos aún mas complejos, como las incógnitas vinculadas
a la modificación genética, de las especies vegetales.
¡Hasta
nuestras pobres vacas! con sus emisiones de gases, son un enorme tema
de discusión medio ambiental en el mundo.
Sobre
todos estos asuntos, ya empiezan a escucharse algunos tambores de
guerra. Afortunadamente, de guerra conceptual, entre los partidarios de
la producción a rajatabla, y los preservacionistas a toda costa.
El estado deberá arbitrar y tomar las mejores decisiones.
Sean
las que sean, deben tener un ancho respaldo político, para que tengan
toda la legitimidad posible y puedan sostenerse en el tiempo, contra
viento y marea.
Aquí
de nuevo el sistema político tendrá que ser sincero y valiente, porque
para cuidar el medio ambiente habrá que renunciar a algunas promesas
productivas. O al revés, para sostener la producción, habrá que rebajar
la ambición de una naturaleza intocada.
Nos jugamos mucho en todo esto. Tenemos que decidirlo entre todos.
Y después, enfrentar las consecuencias entre todos.
La
seguridad ciudadana, es el último tema que estamos proponiendo abordar,
de inmediato, en régimen de políticas de estado.
No
lo incluiríamos, si sólo se tratara de mejorar la lucha contra una
aumentada delincuencia tradicional. Creemos, que no sólo estamos frente
a un escenario de números crecientes, sino ante transformaciones
cualitativas.
Ahora
tenemos drogas, como la pasta base, de muy bajo costo, que no sólo
destruyen al adicto sino que lo inducen a la violencia.
Y
tenemos mafias enriquecidas, con amplia capacidad de generar corrupción
en la policía. Y tenemos operadores del narcotráfico internacional, que
usan el país para el tránsito, la distribución y el lavado de dinero.
Aún,
somos una sociedad tranquila y relativamente segura. Pero lo peor que
podríamos hacer, es subestimar la amenaza. La sociedad ha levantado el
asunto a los primeros lugares de la agenda pública y desde el sistema
político tenemos que responder sin demora y a fondo.
Educación,
energía, medio ambiente y seguridad son los temas para los que
debiéramos definir estrategias orientadas al largo plazo y luego,
arroparlas, protegerlas del vaivén político para que puedan proyectarse
en el tiempo y consumar sus efectos.
Para
todo lo demás, necesitamos que la política discurra en sus formas
naturales: es decir, el gobierno en el gobierno y la oposición en la
oposición.
Con respeto recíproco, pero cada uno en su lugar.
Como gobierno, nos corresponde la iniciativa para trazar el mapa de ruta.
Aquí vamos.
Lo
que hoy comienza, se define a sí mismo, entusiastamente, como un
segundo gobierno. Ya lo dijimos en la campaña: nuestro programa se
resume en 2 palabras “Más de lo mismo”
En
primer lugar, vamos a darle al país 5 años más de manejo profesional de
la economía, para que la gente pueda trabajar tranquila, e invertir
tranquila.
Una
macroeconomía prolija es un prerrequisito para todo lo demás. Seremos
serios en la administración del gasto,
serios
en el manejo de los déficit, serios en la política monetaria y más que
serios, perros, en la vigilancia del sistema financiero.
Permítanme decirlo de una manera provocativa: vamos a ser ortodoxos en la macroeconomía.
Lo que vamos a compensar largamente, siendo heterodoxos, innovadores y atrevidos, en otros aspectos.
En
particular, vamos a tener un estado activo, en el estímulo a lo que
hemos llamado, el país agro inteligente.
El
agro uruguayo está viviendo una revolución tecnológica y empresarial,
creciendo muy por encima del resto del país.
Los
problemas son hoy otros: la sustentabilidad del suelo, la incorporación
masiva del riego como factor de producción y sobre todo de mitigación
ante las frecuentes sequías. Los proyectos de fuentes de agua que
involucran predios de diferente propiedad, marcan una época y es un
deber darles el máximo apoyo. Las políticas de reserva y de seguros son
exigencias de la adaptación al cambio climático. La investigación, la
recreación genética, la alta especialización en las ramas biológicas
que nutren el trabajo agrícola de toda esta región, definible como
último reservorio alimentario de la humanidad, son para nosotros el
capítulo central de una especialización que hemos en llamar ¨el país
agro-inteligente¨
Queremos
que la tierra nos de uno. Y a ese uno, agregarle 10 de trabajo
inteligente. Para al final tener un valor de 11, verdadero,
competitivo, exportable.
No
vamos a inventar nada, vamos con humildad detrás del ejemplo de otros
países pequeños, como Nueva Zelanda o Dinamarca.
Si el país fuera una ecuación, diría que la fórmula a intentar es
agro + inteligencia + turismo + logística regional. Y punto.
Esta, es nuestra gran ilusión.
A mi juicio, la única gran ilusión disponible para el país.
Por
eso, no vamos a esperar de brazos cruzados que nos la traiga el destino
o el mercado. Vamos a salir a buscarla con decisión.
Pero también con seriedad.
Apoyando
sólo aquellas actividades, que una vez maduras, tengan verdadera chance
de subsistir por sí mismas.
No queremos repetir errores del pasado.
En
particular no queremos que nos vuelva a pasar lo que ocurrió entre los
años 50 y 70, cuando la sociedad desperdició enormes recursos, en la
quimera de industrias imposibles.
Ya una vez quisimos ser antárticos, y producirlo todo fronteras adentro. Nos fue mal, muy mal.
Seria criminal no aprender de aquellos dolores y volver a una economía
enjaulada y cerrada al mundo.
Y
si vamos a ser proactivos en ciertas dimensiones de la economía
productiva, vamos a ser el doble de proactivos en la búsqueda de una
mayor equidad social.
¡Eso sí, que no vamos a esperarlo sentados.!
¡Ahí sí, que no tenemos paciencia para esperar que la prosperidad resuelva sola las cosas.
Tal
como hizo el gobierno que termina, vamos a llevar el gasto social a los
máximos posibles. Y vamos a sostener y profundizar los múltiples
programas solidarios emprendidos en los últimos 5 años.
Ya
bajamos la indigencia a la mitad, pero aún queda un 2 % de la población
en esa situación. El objetivo es terminar con esta vergüenza nacional,
y que hasta el último de los habitantes del país, tenga sus necesidades
básicas satisfechas, en los términos definidos por las Naciones Unidas.
Pero con saciar las necesidades básicas no hacemos nada!
Hoy,
y después de años de prosperidad y de esfuerzo solidario, 1 de cada 5
uruguayos, sigue en condiciones de pobreza.
Aún,
si al país como conjunto, le sigue yendo bien, estamos amenazados en
convertirnos en una sociedad que avanza a 2 velocidades:
unos recogen los frutos de un crecimiento acelerado,
otros - por retraso cultural y marginación - apenas los contemplan.
No
es justo, pero además es peligroso, porque no queremos un país que se
luzca en las estadísticas, sino un país que sea bueno para vivir.
Y
no será bueno, si la prosperidad y el bienestar de una familia, se
tiene que disfrutar con muros o alambres de púa.
De nuevo, para enfrentar la pobreza, la educación es la gran fuente de esperanzas.
La
escuela y sus maestros, son el ariete principal que hemos de usar para
integrar a aquellos a los que las penurias dejaron al costado.
El combate a la pobreza dura tiene mucho de acción formativa en la niñez y la adolescencia.
A
la cabeza de todas las prioridades va a estar la masificación de las
escuelas de tiempo completo, seguido por el fortalecimiento de la
Universidad del Trabajo y el sostén de esa maravilla que es el Plan
Ceibal.
Ya
tenemos una computadora por niño y por maestro. Ahora vamos por una
computadora por adolescente y por profesor.
Y por conexión a Internet en todos los hogares.
Si
la educación es la vacuna, contra la pobreza del futuro, la vivienda es
el remedio urgente para la pobreza de hoy.
En
primera instancia desplegaremos un abanico de iniciativas solidarias
con la vivienda carenciada, DENTRO Y FUERA de los recursos
presupuestales.
Apelaremos
al esfuerzo social. Vamos a demostrar que la sociedad tiene otras
reservas de solidaridad que no están en el Estado.
Me
niego al escepticismo, sé que todos podemos hacer algo por los demás y
que lo vamos a demostrar.
¡Van a ver! , van a aparecer materiales, dinero, cabezas profesionales y brazos generosos.
! LES APUESTO A QUE SI !
No quiero olvidarme de nuestros pobres de uniforme.
Las
FF AA, llenas de pobres, van a ser parte del Plan de Emergencia
Habitacional y vamos a movernos rápido para aliviar en algo la penuria
salarial que las aflige.
El
pasado no es excusa para que hoy no nos demos cuenta que una patria de
todos incluye a estos soldados.
Nuestro
reconocimiento para aquellos compatriotas militares que sirven en Haití
y han demostrado una admirable entereza y eficiencia solidaria.
En estos años, el Uruguay ha cambiado mucho, y nadie discute que ha cambiado para bien.
Allí están los números económicos y sociales, de todos los colores.
Pero
hay un cambio menos visible, imposible de cuantificar, pero a mi juicio
de gran importancia: el cambio en la autoestima, el cambio en la manera
que nos percibimos a nosotros mismos y a los horizontes posibles.
Nuestros modestos éxitos nos han hecho más ambiciosos y más inconformistas.
¡Bienvenido inconformismo!
¡Bienvenido el cuestionamiento de viejas certezas!
Y en esta línea:
BIENVENIDO EL PROFUNDO CUESTIONAMIENTO DEL ESTADO URUGUAYO.
Del estado hacia adentro, como estructura, como organización, como prestador de servicios.
El
Uruguay se mantuvo al margen de los vientos privatizadores de los años
90. Es más, la sociedad recibió propuestas, las consideró y las rechazó
explícitamente.
Estuvimos entre los abanderados de ese rechazo y no nos arrepentimos.
Pero
el respaldo de los ciudadanos, fue a un modo de propiedad social, no a
un modo de gestión de la cosa pública y menos, a sus resultados.
Es
probable que aquellos eventos y estas confusiones, hayan postergado
demasiado la discusión franca sobre el Estado, sobre los recursos que
consume y sobre la calidad de los servicios que presta.
Hoy una revisación profunda es impostergable.
Necesitamos evaluaciones serias, imparciales y profundas.
Necesitamos números y comparaciones.
Y con todo eso a la vista, tenemos que rediseñar el Estado.
Todos sabemos que puede ser más eficiente y más barato.
Esta reforma, no va ser en contra de los funcionarios sino con los funcionarios.
Pero
tampoco vale hacerse el distraído: el 90 % de la eficacia del estado se
juega en el desempeño de los funcionarios públicos.
La
sociedad uruguaya ha sido benévola con algunos de sus servidores
públicos y casi cruel con otros. Ha permitido que, funciones sencillas,
que no requieren esfuerzo ni preparación, se paguen en algunas oficinas
10 veces más de lo que recibe quien realiza un trabajo imprescindible y
duro, como un policía o un maestro rural.
Cuando
estas asimetrías duran un tiempo, pueden considerarse errores o
desaciertos. Cuando duran décadas, más bien parecen ser manifestaciones
de una sociedad que se va volviendo cínica.
Del
mismo modo la sociedad uruguaya ha protegido a sus servidores públicos
mucho más que a sus trabajadores privados. Recordemos que en la crisis
del año 2002 y 2003, casi 200 mil personas perdieron su trabajo y
ninguna fue un funcionario público. Se estima que otras 200 mil
sufrieron rebajas en sus salarios, y todos fueron trabajadores privados.
Como
bien ha dicho el presidente Tabaré Vazquez, esta es la madre de todas
las reformas. No deberíamos permitir que esa madre nos siga esperando.
¿En que mundo vivimos? No está fácil de saber.
Me gustaría preguntárselo, a cada uno de los ilustres visitantes que están aquí.
Aunque
sin duda tienen “mucho mundo”, me atrevería a decir que no van a poder
darme una respuesta simple.
¿Verdad que no?
El mundo está cambiando a cada rato
Y lo que es peor, a cada rato está cambiando la teoría, de cómo se construye, uno mejor.
Todavía
no acabamos de padecer las consecuencias de la crisis planetaria, con
que nos obsequió el sistema financiero, en la cumbre del mundo.
Descubrimos
que habían creado un universo de burbuja y de casino. Pero que desde
allí, no solo se jugaba a la ruleta, sino que se podía golpear al mundo
productivo real.
Durante
la crisis, para rescatar lo que quedaba en pie, se rompieron dogmas que
parecían sagrados, se decretó la muerte de los paradigmas vigentes y se
volvió a la política, como a un refugio de esperanza.
Hoy
ante los desafíos no previsibles de la realidad, casi todos pensamos
que ningún camino puede descartarse a priori,
ninguna experiencia desconocerse, ninguna fórmula archivarse para siempre.
Sólo el dogmatismo, quedó sepultado.
No está fácil navegar. Las brújulas ya no están seguras de donde quedan los puntos cardinales
Así que mirando las estrellas nos quedan algunas pocas certezas para orientarnos.
Primero,
que el mundo ya no hay un centro sino varios y que la globalización es
un hecho irreversible.
Por
todos lados, los humanos anudamos nuestro destino y nos hacemos
mutuamente dependientes. La idea de cerrase al mundo quedó obsoleta.
Pero
a su vez, el proteccionismo sigue vivito y coleando, y a menudo es
protagonizado por unidades de tamaño continental.
Los latinoamericanos, un poco a los tumbos, estamos intentando construir mercados más grandes
¡Pero como nos cuesta!!
Somos
una familia balcanizada, que quiere juntarse, pero no puede. Hicimos,
tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la
Patria Grande.
Por lo menos hasta ahora.
No
perdemos la esperanza, porque aún están vivos los sentimientos: desde
el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación
latino-americana.
Dentro
de nuestro hogar latinoamericano, tenemos un dormitorio que compartimos
y que se llama MERCOSUR.
! AYY MERCOSUR!
¡Cuanto amor y cuando enojo nos suscita!
Hoy estamos en público y no es el momento de hablar de los temas de alcoba.
Solo
déjenme afirmar que para nosotros, el MERCOSUR es “hasta que la muerte
nos separe” y que esperamos una actitud reciproca de nuestros socios
mayores.
Finalmente,
deseamos que el Bicentenario nos encuentre con un Río de la Plata más
angosto, despejados todos los caminos que nos unen.
He reservado para el final, la más grata de todas las tareas:
saludar
la presencia de quienes han venido a acompañarnos desde el exterior,
especialmente de aquéllos que han venido desde muy lejos, casi
inesperadamente.
Años
atrás hubiéramos considerado estas visitas como un valioso gesto
diplomático, una cortesía de país a país.
Creo
que en los últimos tiempos, estas presencias tienen un significado
mucho más intenso y mucho más político. Siento que al estar aquí,
ustedes expresan el respaldo a los procesos democráticos de renovación
del poder. Se hacen testigos de la celebración.
¡Ya
sabíamos del afecto ¡ Pero nos gusta más sentirlo en la presencia
física de todos ustedes. Sentirlo cara a cara. Y también corresponderlo
cara a cara!
Esto
es así, para el afecto entre la gente y para el afecto entre los
países. Quererse de cerca, debería estar recomendado en las academias
de diplomacia.
Así
que, amigos del mundo aquí presentes, reciban el agradecimiento del
Uruguay entero. Sepan que no sólo estamos honrados por su presencia.
También estamos contentos de tenerlos aquí y hasta diría que un poco
conmovidos.
Para terminar, déjenme llegar al borde de la exageración, y decir que,
este gobierno que empieza, no lo ganamos, sino que lo heredamos.
Porque
la principal razón de mi llegada a la presidencia, es el éxito logrado
por el primer gobierno del FA, encabezado por el Doctor Tabaré Vázquez.
El
y sus equipos han hecho un gran trabajo: les digo muchas gracias en
nombre de 3 millones de uruguayos.
Nosotros, vamos a seguir por el mismo camino, construyendo una
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